Catenaccio (por Juan José Peréz Peréz)

Antes de montarme en el coche programo la televisión para grabar el partido. El Real Murcia y el Elche se juegan el pase a la segunda eliminatoria de la fase de ascenso a Segunda División. Dos históricos venidos a menos que vivieron tiempos mejores en Primera y que tienen el dudoso honor de haber sufrido un descenso administrativo, dos en el caso del Murcia, récord absoluto.

No estoy de humor. Hoy toca día de playa familiar y no pongo rumbo a Elche sino a Lo Pagán. No soy uno de los cuatro mil murcianistas que seguirán a su equipo en el Martínez Valero, un desplazamiento espectacular para un partido de Segunda B. Ya pasó algo parecido en Mestalla el año pasado contra el Valencia B. Tampoco estuve allí. La afición pimentonera se levanta después de cada caída y sigue soñando con algo que parecía impensable hace unos años y ahora se antoja imposible: el regreso al fútbol profesional.

Hay poca gente en Lo Pagán. Ese mismo día el Real Madrid y el Liverpool juegan la final de la liga de campeones en Kiev. Una cita a la que tampoco acudiré. Tirado en la arena veo pasar a varios zagales con la camiseta del Madrid y a un crio pelirrojo con la camiseta de los reds que se me queda mirando curioso al ver mi camiseta grana. No sabemos que dentro de unas horas correremos el mismo destino.

Miro el reloj nervioso a medida que se acercan las cinco y media en que comienza el partido en la ciudad de las palmeras. He decidido no mirar el móvil y lo pongo en modo avión. No quiero saber nada del partido, ni comentarios de amigos ni minuto y resultado. Aislado en la arena como Robinson Crusoe inicio un cerrojo a cal y canto. Un catenaccio informativo que me permita ver el partido en diferido como si fuera en directo.

A las seis y media una sirena indica la apertura de la feria. Mis hijos me llevan hasta las atracciones sin que oponga demasiada resistencia y empiezan a dar saltos en las camas elásticas. Sigo sin noticias del partido. Nada. Ni un grito, ni un viejo con el transistor en la mano. Se diría que el Elche Murcia sólo me interesa a mí en aquella playa.

Empieza a refrescar y no llevamos nada de manga larga. Mi mujer sugiere que volvamos a casa antes de que se resfríen los críos. Miro el reloj. Las ocho. El partido ya ha terminado y no me he enterado del resultado. Con un poco de suerte podré empezar a verlo a las nueve casi al mismo tiempo que se juega la final de la Champions. Ya tengo claro que no veré la final de Kiev.

Mis hijas ponen música en la radio del coche a lo que no me opongo para garantizar el apagón informativo. Todos me miran extrañados pero no le dan mayor importancia. La verdad es que llevo todo el día ausente, pensando en el ascenso, en la desaparición, en pasar otro año en la indigencia de la segunda B y en que es más fácil ganar la liga de campeones que escapar de esa categoría maldita.

Cuando llegamos a casa les pongo una película en el ordenador y les preparo unos bocadillos. Mi mujer sale a pasear a las perras y me quedo sólo en el sofá. Dieciséis mil espectadores en el estadio hacen que parezca un partido de Primera. El anillo superior del fondo es grana y el resto del graderío franjiverde. Estoy de los nervios.

El Murcia sale bien y presiona arriba con ganas. Obligados a ganar tras el cero a uno de la ida, los de Salmerón empiezan mejor que hace siete días. Forniés se incorpora con peligro por la izquierda y dominan el juego. La remontada parece posible hasta que en el minuto 13 los locales aprovechan una pérdida de balón de Forniés para plantarse ante Ribas que rechaza el primer remate pero no puede atajar el segundo de Iván Sánchez. La eliminatoria se pone más cuesta arriba pero el Murcia no se rinde. Chrisantus reclama penalti en el área ilicitana y en la contra siguiente Sory Kaba hace el segundo en el 25 con un espléndido cabezazo.

Estoy hundido en el sillón. Demasiado castigo para un equipo que no está siendo inferior. A lo mejor me ciegan los colores pero el Elche ha aprovechado sus dos únicas oportunidades para sentenciar la eliminatoria. En la calle no se escucha nada. El Madrid y el Liverpool deben haber llegado al descanso sin goles. Me levanto a hacerme un bocadillo y el árbitro pita penalti a favor del Murcia. De pie en el salón veo cómo Elady toma carrera en perpendicular al balón para lanzar. Va muy derecho al cuero y engaña a José Juan para acortar distancias. Un estallido en la calle celebra al mismo tiempo el gol de Benzema aprovechando la pifia de Karius. Ironías de la vida. Mi partido en diferido y el partido en directo han sincronizado sus goles.

El Murcia llega vivo al descanso. Todavía necesita dos goles pero confío en la remontada. Paso el descanso con el mando a distancia y empiezo a ver nervioso la segunda parte. A los once minutos Molo atropella a un delantero franjiverde y comete un clarísimo penalti. En la calle se escucha un griterío y sale gente del bar de enfrente gritando gol. Bale ha hecho el dos a uno casi al mismo tiempo que Manuel Sánchez sentencia la eliminatoria.

Sigo viendo el partido con la mirada perdida saboreando la derrota hasta que Chrisantus en una jugada individual por la banda izquierda hace el 3 a 2 que será definitivo. Lo único que ha hecho el delantero en todo el partido. Insuficiente para ganar. En la calle se escuchan más gritos. Karius se ha tragado el tercero y el Madrid vuelve a ser campeón de Europa.

Los dos partidos finalizan casi a la vez. Dos equipos separados por una distancia abismal. De presupuesto, de jugadores, de historia, de seguidores… El éxito y el fracaso. La suerte y la desgracia. La victoria eterna y la derrota continua. La vida en noventa minutos.

Estoy triste. No entiendo cómo puede haber murcianos tocando el claxon y tirando cohetes camino de la Redonda. Una traca suena en La Arboleja y mis perras empiezan a ladrar enfadadas. Por una vez las entiendo. En la cama sueño con el ascenso. A la mañana siguiente sale de nuevo el sol. La vida sigue.

 

Sobre el autor:

Juan José Pérez (Murcia, 1972) Licenciado en economía y periodismo por la Universidad de Murcia, en la actualidad trabaja como profesor de Administración de Empresas. Autor de varios blogs de temática deportiva y de numerosos artículos. Tiene dos libros de relatos cortos a la venta en amazon.