CORRESPONDENCIA CON PÉREZ PÉREZ. Final del Play-off de ascenso a 1ª RFEF

Peña Deportiva vs Real Murcia. Estadio José Rico Pérez 29-5-2022

Martes 24 de mayo

Amigo Juan José

El próximo domingo nos veremos en el Rico Pérez.

Anoche, con temblor digital, mi dedo tocó el ratón para hacer click en la web de Vueling. Era una de esas situaciones opuestas al win-win. Perdía dinero si compraba y perdía una vivencia si no. Me iba a sentir mal hiciera lo que hiciera, pero ni a un francotirador ni a un cazador de raticos le puede temblar el pulso en el momento decisivo. Cierras un ojo evadiéndote de lo que te rodea, y con el otro sigues a la víctima. Analizas brevemente la pieza, valoras y, pum, disparas. Una noche duermes mal. O dos. O tres. Pero el insomnio va en el oficio.

Vuelo desde Barcelona a Alicante el domingo por la mañana temprano. Regreso esa misma noche, pasadas las once. Una locura. O no. ¿Yo qué sé? ¿Y qué me dices de la huella de carbono? Echo de menos cuando, de niño, ir al fútbol no tenía preocupación ninguna. Ni económica ni logística. Llegaba el domingo y comía a mesa puesta. Mi padrino José Madrigal (también profesor tuyo) y mi abuelo pasaban a tomar café. Algunas veces me daban café diluido en agua y con azúcar. Después, solo tenía que integrarme en el desfile familiar hacia La Condomina, que estaba a no más de 500 metros de casa. En aquellos años ochenta veíamos jugar a Hugo Sánchez, Schuster o Butragueño. Fútbol de primera división intercalado con temporadas en segunda. Entretenidos. Pasando de la cola del león a la cabeza del ratón, y viceversa. Me pregunto si mi padrino José y mi abuelo Julián, los hermanos Madrigal, que en paz descansen, hubieran seguido al Real Murcia en esta reciente travesía del desierto de las categorías que a nadie importan y de los equipos que nadie conoce. Yo creo que sí, aunque solo fuera por unos segundos a la semana, buscando el resultado del Real Murcia en cuanto la vida les diera un momento de privacidad. O justo antes de ir a la cama. Mira, hemos sacado un puntico en el campo del Don Benito. Y a dormir.

Después de veintitantos años fuera de Murcia, y tras este COVID-19 que nos aisló socialmente, algo que me hace especial ilusión de este partido es encontrarme con otros murcianistas. Algunos son solo caras. Caras que han pasado por mi vida a modo de fotogramas, siempre con el Real Murcia de fondo. Como la de aquel señor que en Éibar, después de empatar a uno en un partido sin historia, se quitó la gorra, se reorganizó el pelo con los dedos, y dijo­– nos llevamos un puntico pa Murcia. Y con las mismas le hizo un gesto de vámonos a su compadre y tiró para Murcia en coche. Ocho horas de viaje, pero con un puntico en el cuerpo. También lo vi en el Olímpico de Montjuic. Allí me tomé una foto con él. Éramos 12 murcianistas y 20 antidisturbios. Son rostros murcianistas con los que apenas intercambié unas palabras, pero que acompañan toda la vida. La vida que, vestida de grana y en nostalgia constante, avanza paralela a todas las otras vidas granas y nostálgicas.

RCD Español vs Real Murcia. Temporada 2007-2008. Estadio Olímpico de Montjuic.

Y luego encontraré a amigos como tú. Que compartimos la infancia en la misma aula, en el mismo patio de colegio y en las mismas pachangas a la salida de clase. Aquellos partidos en la acera de las pistas de Fernando, frente al club de tenis. Imagino que serían pistas polideportivas municipales, pero Fernando era el encargado y para nosotros las pistas eran suyas. Cuando se acababa la hora en la pista aparecía para decir que el tiempo se había terminado. Y siempre decíamos lo mismo. La última, Fernando. Y Fernando se metía en la pista para asegurarse de que sería la última jugada de verdad. Quién nos iba a decir, querido Pérez Pérez (así te llamábamos, Perezperez), que el fútbol, la escritura, y el Real Murcia, nos iba a facilitar el abrazo que te guardo para este domingo.

@raticosdefutbol


Querido Julián, 

yo también tengo ganas de darte un abrazo el domingo en el Fondo Norte del Rico Pérez. 

Al contrario que tú, no acostumbro a salir de Murcia para ver fútbol y la final del domingo es para mí todo un acontecimiento. Todavía me acuerdo de esa entrada para la final de la Libertadores en el Bernabéu que me ofreciste y que me tuvo varias noches sin dormir antes y después de rechazarla por falta de agallas. Un River-Boca era mucho arroz para tan poco pollo y los cazadores de raticos estáis hechos de una pasta especial, así que tuve que asumir que a los demás mortales nos toca leeros de vez en cuando y paladear esos momentos con sana envidia.

Yo también tuve un padrino que me llevaba a La Condomina y que aparecía por mi casa algunos domingos por la mañana para invitarme al fútbol cuando su hijo estaba de viaje. Nunca le agradeceré lo suficiente a mi tito Juan que me inyectara el murcianismo en la sangre, esta enfermedad que tantos compartimos y que tantos sufrimientos nos ha deparado durante décadas. Esta adicción que altera nuestro estado de ánimo y que nos impide acostarnos sin consultar furtivamente el móvil de ahora o el teletexto de antes para saber cómo había quedado el Murcia antes de dormir.

Da la casualidad que el domingo cumplo cincuenta años, un día antes que tú, por cierto, así que tenía marcada en rojo esta fecha desde hace tiempo y me prometí a mí mismo que estaría en Alicante si el Murcia jugaba la final. Nuestro equipo no ha disputado muchos títulos en esta travesía del desierto en que se ha convertido últimamente su existencia así que hay que aprovechar raticos como la Copa Federación que le ganamos al Tudelano en la nueva Condomina en diciembre del 19 o la final del domingo para rugir como decía el míster Adrián Hernández.

Real Murcia campeón de la Copa Federación, 2019

Mi logística no es tan compleja como la tuya. Apenas ochenta kilómetros separan mi casa del Rico Pérez pero estoy contando las horas que faltan para el partido con la misma ilusión que cuando esperaba que mi tío me llevara al fútbol hace cuarenta años para sentarme en el Fondo Norte, cerca de mi maestro Don José Madrigal y de la bandera de Escocia que colgabas con tus amigos detrás de la portería. 

Espero que el domingo volvamos a encontrarnos en el Fondo Norte, más viejos, en otro campo y en otra ciudad, pero unidos como tú dices por el Real Murcia, el fútbol y la escritura.

Ahora te paso la pelota y me voy a dormir. Toco y me voy. Ahí la llevas.

@juanjperezperez


MIércoles 25 de mayo

¿Vive tu tito Juan? Por gente como él se ha llegado hasta aquí.

Yo ya he perdido el hilo de las personas que en los últimos años se han partido el pecho para que este equipo sobreviva. Si salimos de esta, alguien debería organizar un besamanos con todos aquellos que no abandonaron al Real Murcia cuando dejaba de latir. Algunos presidentes nefastos y oscuros descensos administrativos dejaron al Murcia como a Leonardo Dicaprio en El renacido, metido en un caballo muerto a la espera de que pasara el tiempo. La afición murcianista ha sido ese cadáver de caballo. Dio la vida al club cuando no había otra cosa a la que agarrarse. Esa lealtad es algo que se ha construido poco a poco, con muchos titos Juan, muchos padres, madres, abuelos… El domingo pasado, en la semifinal contra el Rayo Cantabria, vi mucha gente joven en la grada. Eso es cojonudo. El legado continúa.

Mi hija ha nacido en Barcelona y el otro día me dijo que volia anar a l’estadi Johan Cruyff a veure jugar a la Alexia Putellas. Lo tengo jodido para meterle el Real Murcia en vena, pero esperaré mi momento. Aún es pequeña, ocho años, como su primo Gael, pero este sí que no se escapa. Vive en Murcia y está rodeado de murcianismo por su padre, su abuelo, su abuela (villenera, pero la más murciana de todos) y por mí. Además, tiene pinta de que será el mejor Cerón de la historia con el balón en los pies.

Ayer leí en twitter que dos colegios de Murcia pedían a los alumnos que este viernes fueran a clase con camiseta roja (grana mejor) para a apoyar al Real Murcia en su partido decisivo del domingo. Además, a la hora de la entrar, pondrán el himno del Real Murcia por megafonía ¿No te parece maravilloso? Es un acto que roza la prevaricación, como la de nuestro profesor Don José Madrigal cuando nos llevó de excursión a La Condomina y dimos una vuelta al rectángulo de juego oliendo la hierba. Me emocioné mucho cuando contaste esta excursión en tu libro Recuerdos Granas.

¡Qué bueno que te acuerdes de la bandera de Escocia! Mi hermano José con su amigo Andrés estuvieron en un campo de trabajo en Escocia y vinieron entusiasmados del fútbol escocés y del Glasgow Rangers. Detrás de la portería del Sector A (lo que luego se llamó Fondo Norte), junto a una bandera del Real Murcia, colgábamos esa bandera escocesa, hecha a mano, con una cinta blanca sobre una tela azul, y también una británica pintada sobre una sábana vieja. Luego llegaron otras banderas, como la japonesa roja y blanca que a veces traía Ángel Hernansáez Jr. Tirábamos las bufandas detrás de la portería y luego pedíamos al portero rival que nos las recogiera, para molestar e intentar desconcentrarlo. A Paco Buyo le pusimos la cabeza como un bombo. Una joya de zagales.

Por cierto. La mayoría de los lectores no sabrán que durante unos años fuiste el speaker de La Condomina. ¿En qué época fue? Cuéntanos algo.

PD: Hemos buscado esa bandera de Escocia por tierra, mar y aire, y no la hemos encontrado.

@raticosdefutbol


Hola, Julián,

desgraciadamente mi tío Juan ya no vive aunque me gusta pensar, como escribí en uno de mis Recuerdos Granas, que sigue acudiendo a La Condomina cada vez que el Real Murcia juega junto a la plaza de toros y presencia el partido en su sitio de siempre junto a los que ya se fueron, como tu tío, el Panadero de Archena, o mi padre, que se rompió la clavícula con más de noventa años al caerse de la cama celebrando un gol del Murcia al Cartagena en el descuento.

Tengo que ver la película de «El renacido». La escena de DiCaprio que mencionas me recuerda a la del tuareg de Alberto Vázquez Figueroa bebiéndose la sangre de su caballo y escondido dentro de su barriga para sobrevivir en el desierto. La verdad es que yo siempre he sido más de Figueroa que de DiCaprio aunque yo no tuve el honor de compartir un partido con El Macho como tú. 

Es cierto que me encargué de la megafonía durante unas temporadas mientras estudiaba en la universidad. Fueron años duros, los que transcurrieron del 92 al 96, entre Segunda, Segunda B y Tercera. 

La cosa empezó con un descenso administrativo y continuó con una montaña rusa de ascensos y descensos hasta que empecé a trabajar de profesor en Yecla para ganarme la vida y se acabó lo que se daba.

Quizá gracias a esa mala situación deportiva tuve la suerte de disfrutar de aquella ocupación durante tanto tiempo. 

Me recordó al partido contra La Nucía de esta temporada. Andrés Campuzano me invitó a ver el encuentro en un palco privado y uno de sus amigos dijo con un quinto en la mano:

-Sois conscientes de que estamos aquí porque el Murcia está en cuarta, ¿no?

Éramos perfectamente conscientes de ello, pero disfrutamos de aquel ratico a pesar de la derrota. 

Recuerdo que nos cruzamos con Manolo Molina por las escaleras y que abrimos la puerta de lo que parecía una habitación de hotel con el suelo de tarima, una barra de bar  a la derecha y una gran cristalera al fondo con taburetes con vistas al campo. Si abrías la puerta de lo que parecía el balcón accedías directamente a la grada. La casa de mis sueños tenía un sofá rojo de los que no se llevó Mauricio y una tele en la pared. No me importaría vivir en un lugar así.

Creo que la mala situación del club es la que me permitió encargarme de la megafonía, visitar aquel palco y la que ha hecho posible que juguemos la final de nuestra particular Champions el próximo domingo en Alicante.

Somos un equipo modesto y si tenemos que vaciar las tripas del caballo para sobrevivir lo haremos sin dudar. Como DiCaprio, no tememos a la muerte porque ya nos han dado por muertos antes.

@juanjperezperez


Jueves, 26 de mayo

Buenas tardes, Juan José.

Si no te hubieras marchado a Yecla a trabajar hubieras seguido con la megafonía del estadio. Tienes una voz muy radiofónica. Por falta de tablas no te iban a echar. Otra cosa es que el fútbol moderno te hubiera triturado con su música a todo volumen, que parece que estamos en la feria y no en un campo de fútbol. A mí eso me mata, y más cuando se silencia el sonido natural de la grada. En la NBA he visto como en las pantallas se indica a la afición si tienen que aplaudir, abuchear, o hacer ruido. Si esto llega un día a un estadio de fútbol y al siguiente pegan fuego a los altavoces, seré uno de los sospechosos.

Nunca he estado en un palco para ver un partido de fútbol. Nunca me han invitado. Háblale de mi a tu amigo Andrés Campuzano a ver si me invita la próxima vez. A mi no me importar hacer del que sirve los canapés. Lo que comentas de vivir en el palco tiene su cosa. Desayunar cada mañana en el balcón con vistas al campo, bajar la basura y ver las puertas de acceso, y los días de partido poder echarte una siesta hasta 5 minutos antes del comienzo. Lo veo. Pero, puestos a elegir, pasaría una temporadita, abril, mayo y junio, preferiblemente, en Wembley. Allí se juegan los playoffs de todas las categorías. Por ejemplo, este finde tendría el sábado la final del playoff de la League Two (equivalente a tercera), y el domingo un Huddersfield Town vs Nottingham Forest en la final del playoff de la Championship (equivalente a segunda). Echo de menos un estadio nacional en España para estos eventos.

Volviendo al partido de este domingo. Pensándolo fríamente, este posible ascenso nos devolvería a donde hemos estado durante mucho tiempo, en la colapsada sala de espera para subir a Segunda División. Estamos (estoy) como locos por subir, pero eso, que es para entrar en la sala de espera. El fútbol es como esa fiesta donde bebes, cantas y bailas, y en algún momento de la fiesta no sabes ni lo que se está celebrando. En cambio, cuando estás en un tanatorio, la razón de tu presencia allí la tienes bien presente en todo momento. Bajar de categoría es un velatorio, un entierro, y un luto. Esa hostia es gorda. Mucho más gorda que la de no subir. El descenso a 2ªB en la última jornada en Gerona, en el 2010, me pilló en un congreso en Heidelberg (Alemania). Cuando empezó el partido yo estaba escuchando conferencias en el EMBL Advanced Training Centre, que es algo así como el Anfield de la ciencia. Sin embargo, mi cabeza estaba en Montilivi.

No paraba de mirar el móvil. El último cuarto de hora, estaba tan descentrado que decidí salir del edificio y ponerme a escuchar el partido por la web de onda regional. Y bueno, ya sabemos lo que pasó. Penalti tonto en el descuento con esa pierna de Albiol que la subió el diablo, y el balón que se cuela por debajo del cuerpo de Alberto Cifuentes. Me puse a llorar desconsoladamente. Solo. Jodidamente solo. Luego llamé a mi hermano para comentar el accidente. Hablamos como se habla en los tanatorios, cuidando las palabras para dejar claro que en ese momento solo existía la tristeza. Luego vino el entierro, y un largo luto.

@raticosdefutbol


Hola, Julián.

Desde luego lo de Montilivi fue un palo gordo. Yo creo que todos los murcianistas que vivimos aquella hecatombe recordamos dónde vimos el partido. A mí me pilló en la casa de mi suegra, de pie en el salón, con las manos en la cabeza contemplando impotente cómo aquel balón se colaba bajo el cuerpo de Alberto para mandarnos a Segunda B en una tarde aciaga en la que todos los marcadores se confabularon sospechosamente en nuestra contra. 

Aquel gol me recordó al que Platini le marcó a Arconada en la final de la Eurocopa del 84 cuando parecía que nunca ganaríamos nada y que me hizo acuñar la frase de «España tiene un límite» que me repiten mis amigos del colegio desde que la Roja conquistó el mundial de Sudáfrica poco después de lo de Gerona.

Recuerdo también a Eva Franco en el césped de Montilivi diciendo un «de aquí se sale» que resume a la perfección la capacidad de sufrimiento del murcianismo y ese espíritu de lucha que nos mantiene vivos a pesar de tantos palos y que llevó al Murcia a ascender un año después, casualmente un 29 de mayo, en el Anxo Carro de Lugo. 

Aquel partido lo seguí como pude con el móvil en una comunión hasta que, después de los cafés pude colarme en la cocina y seguir el final por la tele mientras los camareros fregaban los platos. El Murcia perdió 1 a 0 y a los de Quique Setién les anularon un gol a tres minutos del final, pero aquella derrota agónica valió para subir. 

El próximo domingo espero estar en el campo con toda la familia y que la suerte nos sonría en la final. He conseguido cinco huecos en el abarrotado Fondo Norte y seré un sufridor más entre la multitud. Una gota grana más en la marea. Espero que mi hijo Lázaro, al que temo haber transmitido mi enfermedad, disfrute con el partido. No se me ocurre un nombre más apropiado para resucitar a este muerto, devolverlo a la antesala del fútbol profesional y seguir soñando.

@juanjperezperez


Viernes, 27 de mayo

¡Ay Juan José! ¡Qué buenos recuerdos del Anxo Carro de Lugo!

Ese fue el último ascenso del Real Murcia, en el 2011. Fue una buena temporada. El mister era Iñaki Alonso. En Copa del Rey le aguantamos la eliminatoria al Real Madrid durante partido y medio. Cero a cero en la ida, y en el partido de vuelta solo perdíamos 1-0 al descanso. Mourinho, nerviosito, fue expulsado. Yo estaba en el Bernabéu, en el gallinero donde ponen a la afición visitante, y te juro que por un ratito pensamos que podíamos darle un susto al Real Madrid. Pero para la segunda mitad Mourinho sacó a Cristiano Ronaldo, Xabi Alonso y a Ángel Di María. Game over. Acabamos perdiendo 5-1. Pero mira, ahí estábamos, con la posibilidad de soñar, aunque fueran sueños breves y enclenques.

A partir de entonces todo fueron fatiguitas. En la temporada 2012-13 descendemos a 2ªB pero nos mantenemos porque al Guadalajara los descienden en los despachos. Lo siento Guadalajara. A la temporada siguiente, jugamos playoff contra el Córdoba para ascender a Primera División, pero no solo no ascendimos, sino que nos hicieron un descenso administrativo. Lo siento Murcia, pensarían los de Miranda de Ebro. Esa fue la patada en el culo que nos mandó al Sahara. Así comenzó la travesía por el desierto que nos lleva hasta este domingo en el Rico Pérez. El primer oasis en 8 años. Por el camino hemos encontrado pequeños charcos de agua, playoffs que morían lejos de la orilla, una Copa Federación. Poco más. Poca agua y mucha sed.

Historial del Real Murcia desde el año 2000

Jugadores como Tagliafico, Escudero o Kike García pudieron encontrar una salida hacia vergeles. Pero el Real Murcia continuaba en el desierto. Además, acudieron presidentes infames a mercadear con nuestras miserias. ¡Qué personajes! Mauricio García sacado de una telenovela, y Gálvez de una serie de narcos. Menos mal que aparecieron ese puñado de murcianistas que aguantaron el traqueteo e hicieron la ampliación de capital. Sí, al Murcia se le ha salvado en la calle. Esa campaña #HazloTuyo fue una genialidad. Antonio Ruiz, Víctor García, el Doctor Almela, Tornel… Insisto, que organicen un besamanos para esta gente por Dios.

Estamos hablando de diez años de miseria, amigo. Ocho años alimentándonos de migajas, de chuscos duros de pan. Lo increíble es que la gente joven, sin una buena alegría en el estómago, haya sobrevivido todo este tiempo. Hay algo de magia en el murcianismo. La llama de una vela que no se apaga a soplidos. Un bicho que sale caminando después de dos alpargatazos. Un amor que nunca sintió tus labios y te dice, te quiero.

@raticosdefutbol


Hola, Julián,

ya queda menos para la final. Esta mañana en muchos colegios de Murcia han puesto el himno por los altavoces y muchos zagales han acudido a clase con la zamarra grana. Me ha sido imposible no emocionarme viendo los vídeos en las redes sociales, así que me he puesto una camiseta roja y unos vaqueros y me he ido al instituto a dar mis clases vestido como si regresara al Nicolás de las Peñas, aquel colegio sin porterías al que llegamos los de nuestra quinta hace tantos años y en el que aprendimos a jugar al fútbol y a querer al equipo de nuestra ciudad. 

Tuvimos la suerte de vivir la mejor época del Murcia, mandando en segunda y jugando en primera de vez en cuando, pero un escalofrío me ha recorrido el cuerpo al caer en la cuenta de que los colegiales de esta mañana nunca han visto al equipo en el fútbol profesional y si alguno lo vio era tan pequeño que no lo recuerda. 

Qué pena y qué mérito ser del Murcia en esas circunstancias.Por eso apoyo la moción del besamanos a los que tanto han ayudado y siguen ayudando a mantener esta llama eterna.

Hubo una época en la que me cruzaba con Tornel caminando por la huerta. Yo iba en coche y le saludaba con el claxon para mostrarle mi apoyo. No sé qué pensaría el presidente de aquel chalado desconocido que le pitaba por los carriles pero gracias a hombres buenos como él seguimos vivos y el domingo jugaremos en Alicante.

Esta mañana hablaba con mis alumnos y les explicaba que el fracaso no es perder sino no intentarlo. Hay que ir una y otra vez hasta salirte con la tuya. El fracaso no sería perder la competición, como explicaba un olímpico español en una entrevista, sino perder el avión y no poder acudir a la cita.

El domingo iremos una vez más a por la victoria y seguiremos yendo en el futuro nosotros y todos esos zagales que nunca han visto al Murcia jugar en primera. Imposible fracasar con una cantera así. Afortunadamente el Murcia nunca caminará solo.

@juanjperezperez


Sábado 28 de mayo

Querido Juan José

La correspondencia de estos días me ha servido para calentar el caldo de la emoción ante la final de mañana, pero igual se me ha ido de las manos. Te cuento. El himno del centenario del Real Murcia ya me pilló en el exilio. Me lo sabía, más o menos, pero me pasaba como cuando sacaron el Padre Nuestro nuevo, que había algunos trozos en los que movía la boca sin decir nada, como Doña Rogelia. Decidido a completar esas lagunas, esta mañana me he puesto el himno varias veces mientras hacía mis aseos y me afeitaba. Cuando ya creía tenerlo controlado, me he animado a cantarlo a capela en el cuarto de baño y usando una toalla como bufanda. No lo he podido terminar porque la voz se me ha entrecortado de la emoción. Imagínate mañana con más de 10.000 murcianistas. No me lo acabo, seguro. Mañana no.

El entorno tampoco ayuda a enfriar las emociones. Veo en twitter colegios poniendo el himno por la megafonía, hordas de niños con camisetas granas, rincones de Murcia iluminados de rojo y, para colmo, hoy Carlicos Alcaraz haciendo un vídeo para desear suerte al Real Murcia. Estoy excitado de más. Y puede pasar lo que puede pasar. Ante lo innombrable, hubiera preferido que el equipo contrario se llamara Rayo nosequé o Real nosecuantos. Que se llame Peña Deportiva Santa Eulalia puede hacerlo todo más difícil.

En las redes sociales también he detectado alguna tensión entre distintas peñas del Real Murcia. El fútbol es un reflejo de la sociedad, incluso se ve todo más nítido porque alguna gente saca a pasear egos y celos cada quince días, y lo da todo. Al parecer unas peñas organizan una quedada en un lugar y otras en otro. En mis intermitentes visitas a la Nueva Condomina de los últimos años ya había detectado que no se iba a una. Unos cantaban una cosa y otros, simultáneamente, otro cántico diferente. A ver si se dejan de tonterías. Si el panadero de Archena levantara la cabeza les daba una colleja. El Murcia está por encima de todos.

Por otro lado, lo de las peñas está muy bonico. Esta semana he conocido la existencia de la Peña Patricio Pelegrín. Un acierto darle gloria y recuerdo al extremo de Beniaján, al que tú y yo llegamos a ver jugar, y que debutó con 16 años contra el Barça de Cruyff y Neeskens. En algún momento de mi vida, aún viviendo lejos de Murcia, me saqué el abono asociado a una peña. Se llamaba Nabos Grana. Como puedes imaginar, el nombre no surgió para celebrar el buen sabor que el nabo le da al arroz y habichuelas. Creo que la peña terminó desapareciendo. Pero sí, fui un nabo grana. No me escondo.

Hay dos libros que son pilares del antiguo testamento del Real Murcia. Son libros de historia, de sabiduría, y también algo proféticos. Uno es Sed en La Condomina, de Luis María Valero. Este se lee de una sentada en el sofá, si no tienes críos por la casa. El otro, Hasta el Final, de Luis María Valero y Alejandro Oliva, lo tengo en una vitrina como se guarda un whisky añejo, para saborearlo en ocasiones especiales, poco a poco, para que dure. Esta mañana me he puesto un whisky, un ratico de fútbol en Gijón. Maravilloso. Aún me dura el regusto en el paladar. Me han dado ganas de ir a Asturias a buscar a una tal Teresa.

Estas dos plumas, Góngora y Quevedo de tinta grana, pero en amigos, son algo más jóvenes que nosotros y no vivieron esos años ochenta en primera división, posiblemente los mejores años del club. Esto, escribir desde el amor pobremente correspondido, les da más mérito aún. ¿Tú los conoces personalmente? Yo no, pero si algún día me los encuentro les diré: seguid escribiendo, cabrones. La historia del Murcia se vive, se escribe, y se lee.

Voy a hacer tiempo viendo la Final de la Champions. Mañana nos vemos.

@raticosdefutbol


Hola, Julián.

Acabo de enterarme que La Nucía y el Eldense han subido a primera. Hace un par de semanas lo hizo el InterCity como campeón, así que de momento ya son tres los equipos de nuestro grupo de la muerte que han conseguido el ascenso. La Nucía y el Eldense jugaban en casa, el Hércules también y cayó eliminado y el Murcia… El Murcia jugará como en casa porque el Rico Pérez registrará la mejor entrada de la temporada y en su inmensa mayoría la gente será pimentonera.

Te confieso que cada vez estoy más nervioso y que dudo mucho que pueda cantar el himno en el estadio. Me temo que me voy a pasar el partido con los ojos rojos y los dientes apretados incapaz de articular palabra por la emoción. En esas situaciones solo soy capaz de hacer palmas así que iré provisto de kleenex ya que me harán falta tanto si ganamos como si perdemos.

Esta mañana he disputado una pachanga de padres contra hijos en una pizzería de la huerta. La caseta de los vestuarios estaba decorada con el escudo de Boca y la Bombonera a un lado y el de River y el Monumental a otro. En el centro, la efigie de Maradona completaba el mural. 

He jugado de portero y he acabado con las rodillas magulladas y deslomado. Las botas me apretaban y ya no tengo edad para volar de palo a palo y salir ileso, así que me he convertido en un portero cedrunesco: alto, feo y bien colocado. Me lo he pasado en grande. 

Uno de los padres llevaba la mítica camiseta Adidas del Murcia con el diez en la espalda. Dice que ha venido a Murcia desde Benalmádena pero que no se acercará a Alicante porque teme ser gafe. Todos tenemos nuestras supersticiones y hay que respetarlas.

Yo también tengo Sed en La Condomina y Hasta el final en la bodega. El primero pude comprarlo sin problemas por Internet pero el segundo me costó bastante más. Pregunté por varias cuentas de Twitter hasta que una tarde de agosto me llegó un mensaje de Alejandro Oliva, @beandtuit:

«Muy buenas. Acabo de comprobar en la playa que me queda algún ejemplar de Hasta el Final. ¿Te lo llevo al partido del domingo?»

Me faltó tiempo para decirle que sí y quedamos en la previa del Marchamalo para intercambiar nuestros libros dedicados en los prolegómenos. Es un tipo muy agradable y junto a Valero forma la dupla que mejor escribe sobre el Real Murcia en la actualidad. Dos profetas del murcianismo de lectura obligada para todos los aficionados, coautores del muy recomendable blog Mondo Moyano. http://mondomoyano.blogspot.com

Imagino que mañana andarán por Alicante y estoy deseando leer lo que escriban de este partido tan especial.

Bueno, me voy a ir despidiendo que mañana tenemos la final y empiezo a sentir agujetas. Avísame cuando llegues para que nos demos un abrazo y nos hagamos una foto para la posteridad. Estoy seguro que pase lo que pase mañana el murcianismo saldrá fortalecido y que este desplazamiento masivo a Alicante será recordado en el futuro por todos los que vayan, que podrán contarle a sus nietos que ellos estuvieron allí aquel 29 de mayo.

@juanjperezperez


Domingo 29 de mayo


Lunes 30 de Mayo

Hola, Julián,

te paso la cronología de un domingo inolvidable:

8:00 No puedo dormir. Como dicen que a quien madruga Dios le ayuda, salgo a correr por la huerta  un rato con la fresca para intentar hacer méritos para el ascenso. Paso junto a una alambrada llena de caracoles al sol y me los imagino subidos a la valla en el fondo norte de un Rico Pérez abarrotado a las seis de la tarde. Los perros ladran UA, UA a mi trote cochinero como si estuvieran animando al equipo.

9:00 Regreso a mi casa y veo salir a mi vecino con una camiseta roja mientras estiro. Nos miramos de lejos y nos saludamos levantando la cabeza. Antes de abrir la puerta  escucho a su madre preguntarle si lleva las entradas.

10:00 Después de la ducha y el desayuno me pongo la grana y me acerco a la gasolinera más próxima a comprar unas cosas para el viaje. El chaval que me atiende me pregunta si voy al partido y me cuenta  que en cuanto salga a las tres se cambia y se va para Alicante. Nos deseamos suerte. La vamos a necesitar.

11:00 Mientras los demás se preparan friego los platos escuchando a Second y a Desenkanto en YouTube. Se me empañan los ojos y los apago antes de que acaben. No quiero que me vean llorar pero tantas emociones me están matando. Twitter tampoco ayuda a mantener la compostura.

13:00 Por fin salimos rumbo a Alicante. La autovía tiene un tráfico inusual para ser un domingo por la mañana. Todos parecen ir al mismo sitio. Me adelantan coches con camisetas rojas y bufandas granas en el salpicadero o en las ventanillas. Unos me pitan, otros levantan el brazo y aprietan el puño… doce mil personas son muchos coches.

15:00 Aparco cerca del puerto y nos metemos a un Taco Bell con aire acondicionado. Yo no lo sé todavía pero es el último momento refrescante del día. Después nos acercamos al muelle muelle deportivo a dar un paseo y mi hija me regala una pulsera roja y blanca que no pienso quitarme hasta que se caiga a pedazos.

16:00 Nos encaminamos al estadio que, según Google está a apenas dos kilómetros en línea recta. Lo que no dice Maps es que es cuesta arriba. Subimos por la plaza de abastos primero por cuestas y luego por escaleras hasta que se empieza a oír música cada vez más cerca. Las torres azules de la iluminación del Rico Pérez que he visto en tantos cromos de los ochenta aparecen al otro lado de la colina. Desde la cima los alrededores del estadio aparecen teñidos de grana. 

17:00 Me llega un WhatsApp con tu ubicación y rodeo el estadio hasta la tienda del Hércules. Frente al escaparate saludo a @petiguirao. A ver si subimos de una vez, que ya toca, le digo al chocar la mano. No para de saludar gente. Llega Tornel solo con unos vaqueros y una camiseta roja, y Txema Almela y Juan Guillamón y David Sánchez…

Me llamas por teléfono. Ya te veo, me dices y nos damos un abrazo como el de hace tres o cuatro años, cuando nos encontramos en un chino camino de la Nueva Condomina. Mi hija te regala una pulsera roja y blanca y nos hacemos una foto con tu bandera. Se va a quedar un grupo guapo para ver al Murcia en primera con el Castellón, el Sabadell, el Cornellá, el Barca B… Tu optimismo me da confianza y nos despedimos con un abrazo. Hay una cola enorme y no deja de llegar gente. 

Miro el móvil a cada momento. La cola no avanza y la hora del partido se acerca. El presidente López Miras está en el aparcamiento saludando a los que hacemos cola. Dice que no entra hasta que pasemos todos. 

18:00 Una empleada del Hércules nos dice que pasemos por la puerta siete y cruzamos los tornos cuando el Murcia salta al césped.

En un instante pasamos de la sombra de los pasillos interiores del viejo estadio a la claridad deslumbrante del Fondo Norte. El sol brilla en el cielo azul y la grada parece arder teñida de rojo. Pienso que allí no cabe nadie más pero sigue entrando gente agitando sus bufandas y cantando. Nos movemos a la izquierda con dificultad. Aquello parece un hormiguero. Una puerta se abre hacia la lateral y pasamos por ella. Sigue sin haber sitio. Nos sentamos en una escalera y compramos agua. Abren la puerta que comunica con el Fondo Sur. Pasamos por delante de un puñado de aficionados vestidos con la camiseta blanca de la Peña Deportiva. Parecen ángeles rodeados de demonios en el infierno del Rico Pérez.

18:36 El Fondo Norte se mueve como sacudido por una ola cada vez que los aficionados del Murcia saltan. El ambiente es espectacular, digno de una auténtica final. El Murcia ataca en el área contraria, Carrasco rebaña un balón y lo manda para adentro. Más que ver el gol lo he escuchado. Todo el campo agita las bufandas y canta en pie. Doce mil murcianistas no pueden estar equivocados.

Carrasco celebrando el 1-0

19:00 El tiempo se me pasa en un suspiro. Los aspersores terminan de regar nuestra portería y recibimos las gotas que nos trae la brisa del descanso como una refrescante bendición. Todavía queda lo peor. Los ibicencos salen atacando y acaban empatando. Desde mi posición parecen todos iguales, como jugadores de una videoconsola. Uno de ellos avanza metros y se planta delante de Serna para batirle con un disparo raso y cruzado. Los ángeles de Ibiza empiezan a cantar «Sí se puede». Su único disparo y su única aparición en la grada. Están eliminados pero aún no lo saben. Cantar eso es como tocar la copa antes de una final. Inoussa salta al campo con un aparatoso vendaje en el muslo para echar toda la carne en el asador.

19:28 El balón queda suelto en el borde del área. Ganet lo controla y dispara con potencia buscando la escuadra izquierda del portero. Veo salir el cuero a cámara lenta. El portero no llega pero el cuero golpea en el palo. Sin embargo el balón pasa por detrás de su cuerpo y se cuela en la portería. Ganet acaba de entrar en el Olimpo grana. Sale corriendo con la mano en la oreja para escuchar el rugido de la grada. Sigue corriendo. Ganet se ha pasado toda la temporada corriendo y pegando latigazos desde la frontal. Se para casi en el centro del campo para que lo abracen sus compañeros. Mientras aplaudo de pie. No puedo hablar ni mirar a nadie. Solo aplaudo. Ahora sí.

Pablo Ganet celebrando el 2-1

19:55 El Murcia tira de oficio y mata el partido. Santi Jara esconde el balón recibiendo faltas desesperadas de los contrarios. Carrasco pasa por delante de mí tras ser sustituido. ¡Vamos Carrasco!, le grito de pie. Simón sustituye a Ganet para que se lleve la ovación del público poco antes de que el árbitro pite el final. 

20:00 El césped verde desaparece bajo una marea roja que lo invade todo como una ola de fuego que golpea la roca una y otra vez hasta inundarlo todo. Golpeó en Mestalla en 2017,  en el Martínez Valero con más virulencia al año siguiente y ahora con una fuerza imparable en el Rico Pérez acaba de tirar la puerta abajo empujada por doce mil almas remando en la misma dirección. Me hago fotos en el césped recién conquistado y grabo en mi mente aquellos momentos de felicidad y paz interior por la satisfacción del deber cumplido. Menos mal que vine llorado de casa.

21:00 Bajamos por las mismas cuestas de antes pero ahora son cuesta abajo y no hace calor. Ahora todo es cuesta abajo. Por el camino que marca el Google no hay casi nadie. Es un barrio cuando menos tan sospechoso como el tipo de gris que habla solo sentado en la acera y que se ha puesto a caminar tras nosotros a paso ligero. Lo miro de reojo y veo que lleva una caja negra que parece un altavoz. Pienso que va demasiado cargado para perseguirnos pero aceleramos el paso sin asustar a los críos hasta que lo perdemos de vista.

Al doblar por la plaza de abastos me cruzo con un hombre de barba blanca que me pregunta cómo hemos quedado igual que cuando volvía andando a mi casa desde La Condomina después de los partidos.

-Hemos ganado dos a uno. 

-¡Bien hecho, coño!

Estoy seguro que es del Hércules y que se alegra sinceramente de nuestro ascenso en un gesto que honra a la centenaria afición alicantina. Ojalá pronto tengan la suerte que merecen.

22:00 La autovía está llena de coches camino de La Redonda. Mi hijo duerme en el asiento de atrás y la procesión de luces rojas acentúa el murcianismo de la escena. En mi cabeza suena como en un sueño el «Going Home» de los Dire Straits, la banda sonora de la película «Un tipo genial» que Mark Knopler tocaba para terminar sus conciertos. La guinda perfecta para un día perfecto.

@juanjperezperez


Querido Juan José. Ya lo tenemos.

La vida, en ocasiones, te pone en una hamaca a la orilla del océano, con brisa fresca y suave, a la sombra de una palmera, y con un mojito en la mano. El domingo el ascenso del Real Murcia, el lunes mi cincuenta cumpleaños sintiendo a mi gente muy cerca, y el martes el diagnóstico benigno del tumor cerebral de la hija de un buen amigo. Tres días de todo incluido. Hoy miércoles ando levantando las gafas de sol de vez en cuando y miro alrededor porque temo que en cualquier momento alguien va a acercarse a cobrarse la hamaca, a decirme que no se puede beber en la playa, o para avisarme que el checkout es en media hora.

El domingo por la mañana me recogió mi cuñado Eloy del aeropuerto. Parte de mi familia política vive en Urbanova, unos edificios junto al mar y a pocos minutos del aeropuerto de Alicante. Allí desayuné con vistas al mar, me refresqué en una piscina, comí una paella de secreto ibérico con setas, y tomé un café con helado de turrón. Un plan similar al que pudiera pedir como últimas voluntades en un corredor de la muerte. Si acababa fusilado por la Peña Deportiva, que me pillara relajado y bien comido.

Llegamos (fui con tres sobrinos, y con un primo y su hija) al estadio Rico Pérez minutos antes de que llegara el autobús del Real Murcia. Compré una bufanda y una bandera en el puesto de una señora. Ya le quedaba poco género. Lo va a vender usted todo—le dije. Los murcianos sois muy buenos— me contesto con una sonrisa más tierna que el queso de Burgos mientras rebuscaba monedas en el delantal. Cómo no vamos a ser buenos, señora —pensé yo—, si no hemos fastidiado ascensos ni permanencias a ningún equipo en once años.

Después de vitorear al bus del equipo, me encontré a Manolo Lara, uno de los célebres personajes de nuestro Instituto Infante Don Juan Manuel. Unos meses antes nos habíamos encontrado por twitter. Habían pasado más de 20 años sin vernos, pero él conservaba su sonrisa perenne. La misma que tenía cuando sacaba litros de la tienda del Antonio. También me encontré a Chuti, amigo desde los tiempos de la selección de fútbol universitaria. Me venían a la cabeza personas que andarían por allí y que me encantaría saludar, pero decidimos cobijarnos del sol en una calle con sombra escoltada por dos bares. Luego me llegó tu llamada desde las antípodas del Rico Pérez y fui a saludarte. La pulsera roja y blanca que me regaló tu hija la guardo en el cajón de aparejos granas.

Cuando quedaba una media hora para que empezara el partido, la cola para entrar en el Rico Pérez daba miedo. No tuvimos el valor de hacer la cola como tú, y nos pusimos la sombra a preguntarnos qué hacíamos, si ir a la cola o esperar a que se acortara. Junto a nosotros, en la misma sombra, gentileza de los muros del fondo Norte, había unos chicos descamisados apurando sus bebidas en vasos de plástico. La policía les hace un gesto para que pasen al estadio, saltándose la cola. Como estábamos con ellos, entramos con el mismo flow. Aun así, el fondo ya estaba petado de gente. Algunos de nuestros siete asientos ya están ocupados. Intento razonar con los okupas pero es que ni yo me sueno convincente. Aquellos es un desmadre y un siéntese quien pueda. Finalmente, encontramos asientos, dispersos, junto a los ultras que estaban en el córner. Veo muchos niños, personas mayores y mujeres. La grada grana, a diferencia de otras, no es solo testosterona. El murcianismo es un sentimiento que se mama en la familia y que sobrevive desde el corazón.

En el primer gol, la pelota le llegó a Carrasco con asistencia del Espíritu Santo. No tiene otra explicación esa trayectoria entre piernas contrarias y con rebote en el palo. Los nervios volvieron con fuerza tras el descanso con el empate del número 11, Jorge Chinchilla. En la segunda parte, Chinchilla estaba más suelto que yo con tres gin-tonics. Quedaba media hora y la cosa estaba atascada. Esto huele a prórroga—le dije a mi sobrino David, que estaba en la fila de arriba. Al rato, mi primo Pepe, desde la fila de abajo, me toca el antebrazo avisándome. El once, primo, el once cojea. Nos dedicamos a seguirlo con la mirada, como dos leonas hambrientas vigilan a un ñu cojo en la sabana. Y Chinchilla cayó al suelo. A partir de ahí volví a sentir buenas vibraciones. Cinco minutos más tarde, Pablo Ganet marcó el gol por la escuadra. Locura de alegría. Para abrazar a alguien, me paso como cuando de niños dábamos la paz en misa, que había que esperar a que hubiera alguien libre para darle la mano. Así que abracé a los primeros que pillé, a un compadre de arriba, a un descamisado a mi derecha, al señor de mi izquierda, y luego ya a mi gente. La felicidad sea contigo. Y con tu espíritu.

Cuando el árbitro pitó el final me quedé ensimismado mirando la invasión del campo. Entonces sí, los ojos se me humedecieron emocionados. Y así, querido amigo Juan José, esta noche de miércoles, cierro nuestra agradable correspondencia a propósito de uno de los partidos más importantes de la historia de nuestro Real Murcia. Recojo la hamaca, observo el mar una vez más, siento su brisa en la cara, absorbo el culo del mojito, y vuelvo a la rutina a la espera de otros buenos raticos en los que la vida y el Real Murcia se nos pongan de cara.

@raticosdefutbol