LA SUPERLIGA INDIA (Curro García-Rodriguez)

Octubre del 2018. Goa FC-Mumbai City

Cuando se viaja por largo tiempo se han de hacer pequeños sacrificios, asumir la perdida de esos elementos cotidianos con los que uno suele disfrutar. Y cuando se charla con otros viajeros sobre ellos, siempre suelen aparecen los mismos. La tortilla de patatas materna, las cervecitas con los amigos, como duermo en mi colchón no duermo en un ningún sitio… El mío (supongo que uno ya se lo espera dado que estoy escribiendo aquí y no en un blog de macramé) es el fútbol. Como diría Valdano, ¿o fue Menotti?, ¿Sacchi quizás? La cosa más importante entre las cosas menos importantes. El fútbol en general y el Betis en particular. Y tras varios meses viajando entre Nepal y la India, mis raticos de fútbol se habían reducido al mínimo. Estos consistían en ver los cada vez más breves resúmenes de los partidos por YouTube, cuando conseguía internet, o a conversaciones futbolísticas con locales que no iba más allá de Madrid, Barça, Cristiano o Messi. En aquel momento viajaba con Artur, un portugués bastante futbolero también. Lisboeta y, para más señas, socio del Benfica. Así que, aun estando en países teóricamente poco futboleros, el ir a ver un partido de fútbol empezó a convertirse en una prioridad. El primer intento consistió en tratar de ver en directo la liga nepalí. Apenas había información de ella por internet y en la calle nadie sabía nada al respecto. Sabíamos que esa liga existía, por lo que nos aventuramos a ir al estadio principal de Katmandú para buscar algo de información y nuestra sorpresa fue mayúscula. El estadio estaba en bastante mal estado. Nos enteramos más tarde que la liga estaba suspendida desde el 2015, fecha del fuerte terremoto que sacudió la ciudad, causando miles de muertos y cuantiosos daños materiales, incluyendo por supuesto al estadio. Así que nos fuimos de Nepal con esa espinita clavada. Afortunadamente, desde el 2020 esta liga está de vuelta. Se juega solo durante los meses de verano, por si alguien anda por el país y le entra el mono de fútbol como a nosotros. Un consejo, no hay que perderse el Nepal Police vs. Nepal Army, dos de los equipos por antonomasia del campeonato liguero de Nepal y lo que es, sin duda, un bonito derbi entre fuerzas de seguridad del estado.

Estado del estadio nacional de Katmandú durante nuestra visita

Una vez en suelo indio nuestra suerte cambió. Comprobamos que la superliga india se estaba disputando por aquel entonces y decidimos trasladarnos a Goa, uno de los lugares más futboleros del país para ver por fin un partido de fútbol en directo. Nuestro desconocimiento por aquel entonces del fútbol indio era total. Nos enteramos más tarde que la superliga es un torneo paralelo que se creó allá por 2014 por iniciativa privada y al margen de la federación. Os pongo un poco en contexto, en la India existía ya un torneo oficial organizado por su propia federación de fútbol, la I-league, que podría considerarse como la liga de toda la vida, con su sistema de ascensos y descensos y su clasificación para la champions asiática. Pero, por diversos motivos, esta competición no generaba el seguimiento (y dinero) que se espera para un país de 1310 millones de personas, más de tres veces la población europea. La gente prefería seguir las ligas extranjeras o el cricket, el deporte rey en India. Otro aspecto importante a tener en cuenta es la propia diversidad cultural del país. Tomando la India como un todo, el fútbol puede no resultar del todo relevante, pero eso no exime que existan regiones donde el fútbol local sí este arraigado. Goa, Bombay y sobre todo West Bengal, cuya capital es Calcuta, son lugares bastante futboleros. Tanto es así que los equipos de esta región siempre copaban el 80-90% de las plazas de la I-league. Además, en Calcuta se celebra el derbi más importante de todo Asia. El llamado Kolkata derby, entre el East Bengal y el Mohun Bagan lleva jugándose desde 1921 y cuelga cada año el cartel de “no hay billetes” en el Salt Lake stadium, el San Siro particular de Calcuta, donde juegan ambos equipos. Con capacidad para más de 85 mil personas, un derbi en 1997 llego a albergar a más de 131 mil, récord absoluto de asistencia a un evento deportivo en la India. Por lo tanto, el fútbol ya era muy importante en algunas regiones del país, así que el nacimiento de esta nueva superliga surgió como un nuevo intento de expandir el fútbol más allá de esos lugares, haciéndolo más profesional y atractivo. Con inversión privada, se podía atraer talento internacional. Principalmente a futbolistas famosos ya en el ocaso de sus carreras, como así ocurrió con Pires, Roberto Carlos, Anelka, Trezeguet o con el mítico Joan Capdevila (UNO DI NOI), campeón del mundo y capaz de bailar con un cubata en el hombro sin que se caiga. Además, con un sistema de franquicias limitado a una por región, pues se evitaba lo que ocurría en la I-League y se lograba así expandir el fútbol a otras regiones del país. Y parece ser que el invento funcionó, las audiencias han mejorado y esta superliga moderna llegó para quedarse. Para resumir un poco, tras varios años de tiras y aflojas, coexistiendo superliga e I-league, la primera se ha acabado comiendo a la segunda, la federación india ha sucumbido y a partir de la temporada 22/23 la superliga se considerará como la primera división, pasando la I-league a una especie de segunda división. ¿Y con el límite de una franquicia por ciudad, qué paso entonces en esas zonas de arraigo futbolístico como Calcuta y su derbi? Yo me imagino que esto pasa en Sevilla, y de la nada surge un equipo al margen del Betis y el otro equipo de la ciudad, llamado con el típico nombre de franquicia americana tipo los Sevilla Linces, y ya pueden traer a Messi o a Ronaldo Nazario (el Ronaldo bueno) con 20 años, que ese equipo va a tener menos seguimiento que un San Marino – Islas Feroe. Parafraseando a Eduardo Galeano, “en su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol” Y algo así fue lo que pasó en Calcuta. Allí, la subasta por la franquicia la ganó un grupo inversor entre los cuales estaba incluido el Atlético de Madrid, que tenía la idea de ampliar internacionalmente su mercado. Por ello, ese nuevo equipo se llamó Atlético de Kolkata, vestía de rojiblanco y ganaron la liga ese primer año. Curiosamente, su futbolista franquicia ese año fue el exatlético Luis García. Este tercer equipo de la ciudad duró como tal 6 años, Luis García sólo uno, hasta que fue fusionado con uno de los clubes referencia de Calcuta, el Mohun Bagan. El otro equipo puntero de la ciudad, el East Bengal fue incorporado el mismo año a la superliga como franquicia en expansión, permitiéndose a estos dos clubes continuar con su rivalidad, muy a pesar de la interferencia de esta nueva liga moderna con sus nuevas normas modernas, en las que se priorizan audiencias televisivas o el merchandising frente al aficionado a su club de toda la vida. Sin duda, una pequeña victoria del fútbol romántico. De ese fútbol transmitido de padres a hijos y cuyo sentimiento de pertenencia va más allá del éxito deportivo.

Una vez hecho el alegato futbolístico, volvamos al partido que nos atañe y viajemos mentalmente de Calcuta a Goa. Goa es un pequeño estado al oeste de la india, mundialmente conocido por sus hedonistas playas y por su pasado colonial portugués, el cual dejo su impronta en numerosas iglesias y conventos reconocidos como patrimonio de la humanidad por la UNESCO. En lo futbolístico, su equipo franquicia es el Goa FC y es uno de los mejores equipos del campeonato. Este equipo juega en la localidad de Margao, a la cual decidimos llegar en taxi precisamente desde la vieja Goa, lugar donde se encuentran la mayoría de esas iglesias. Y aquí vino la primera mala idea del día, no ir con suficiente antelación. La India no es especialmente un sitio tranquilo para conducir. Bueno, ni para conducir, ni para nada. La cantidad de vehículos, animales o gente haciendo cosas impredecibles en la carretera no las he visto en otro lugar del mundo. Y aunque Goa me pareció que baja un poco la media del país en cuanto a caos, en sus ciudades el tráfico sí es bastante intenso. Así que al partido se llegó con las justas y aún teníamos que conseguir las camisetas y las entradas. Lo de las camisetas fue sencillo, al no importarnos mucho la calidad de estas, por 3 euros cada uno nos hicimos con nuestras camisetas del Goa, probablemente las más falsas que había. Una vez nos enfundamos nuestras camisetas, pudimos caminar como un aficionado local más por los animados aledaños del estadio. Aun así, seguíamos llamando bastante la atención y sigo pensando que era por la camiseta. Descolorida y falsísima. Más falsa que un billete de 37 euros. Y aparte no olía muy bien, como a vestuario de colegio. Pero bueno, era MI camiseta, la de MI equipo indio y con ella hasta el final.

Así viste el Goa FC, la original sería bastante más naranja. Yo (detrás), me la acabe quitando

El siguiente paso fue buscar entradas. Intentamos conseguirlas por internet, pero en la India eso es imposible. Sólo hay reventa. Se ve que se agotan muy rápido porque se compran con ese propósito. Así que tocaba moverse y negociar. Tras preguntar a varias personas conseguimos un par de entradas a un precio bastante asequible para nosotros, al cambio ni 3 euros, pero probablemente prohibitivo para los estándares del país. En la India, en los eventos deportivos siempre suena el himno nacional al inicio y a nosotros nos cogió en medio de la reventa. Y allí el himno es cosa seria. Ni cantar “lololo” abrazados como en el español, ni mucho menos pitarlo. Cuando suena el himno indio, todo se paraliza. Dejas aquello que estés haciendo, te cuadras y lo escuchas con toda la solemnidad que puedas. Da igual que el himno te coja por la calle andando, vendiendo camisetas falsas o, en este caso, revendiendo entradas. Te cuadras y lo sientes. Nosotros, pues igual, respetamos el himno, acabamos con nuestra transacción y nos fuimos corriendo para nuestra puerta de entrada con el partido ya empezado. Y al pasar los controles de seguridad, pues otro problema, no nos permitían la entrada con cámaras de fotos. La única solución posible fue jugársela y dejarla en “consigna”, que básicamente consistió en ir a una tienda a preguntar al dependiente si te guarda la mochila por un módico precio. Funcionó a la primera y la cámara estaba ahí cuando volvimos.

El Estadio Fatorda desde nuestra posición

Cuando por fin logramos entrar a uno de los goles del estadio Fatorda, el partido iba ya por el minuto 15 y el Goa FC iba ganando ya 1-0 al Mumbai City. La sensación inicial fue bastante positiva. Al estar por debajo del nivel del suelo, el estadio es mucho más grande de lo que uno piensa al verlo desde el exterior. Se trata de un estadio bastante coqueto, con capacidad para 27 mil personas, todas bajo techo y con la particularidad de que su interior es circular. Algo frecuente en los estadios indios al estar adaptados también al criquet. El aforo estaba en torno al 60% y me alegré un poco por esas entradas que nunca se llegaron a revender. Llamó mucho mi atención la cantidad de familias presentes en el estadio. Padres, madres e hijos, todos enfundados con sus camisetas blanquinaranjas y disfrutando del partido en un ambiente bastante más familiar al que estoy acostumbrado a ver en los estadios europeos. El hooliganismo no existe, al menos en Goa, y el ambiente es bastante tranquilo. No vi la pasión por el fútbol que estoy acostumbrado a ver en Europa o Latinoamérica. No vi tensión por ningún lado, ni gente comiéndose las uñas, ni caras desencajadas al celebrar un gol. Me dio la sensación que la gente va a ver el partido como podrían haber ido al circo o al hipódromo. El tipo de ambiente uno espera en un All Stars de la NBA o en los míticos partidos benéficos contra la droga de mediados de los 90. A disfrutar del espectáculo, hacerse unos cuantos selfies, si eso ver algún gol y para casa todos contentos. Desde luego, el campo se encontraba lejos de considerarse una olla a presión para el equipo rival o para el árbitro. Y el repertorio de cánticos local se reducía a uno. Al clásico cántico de la vieja escuela consistente en decir el nombre de tu equipo seguido de tres golpes con el bombo. Eso sí, fue constante y no cesó en los 90 minutos de partido.

Artur y un servidor durante el partido

Bueno. ¿Y qué estaba sucediendo en el terreno de juego? En general disfrutamos de un partido con bastantes ocasiones y goles, que acabo con un severo correctivo por parte del Goa FC al Mumbay City (5-0). El partido se jugó a ritmo bajo y los ataques primaban sobre las defensas. Digamos que si lo que buscas es un partido intenso, de esos en los que saltan chispas en cada balón dividido, o disfrutas con futbolistas del tipo Pablo Alfaro, Gattuso o el Tato Abadia, pues probablemente esta no va a ser tu liga favorita. Es una liga para un perfil de técnico más tipo Setién o Paco Jémez, que para Simeone o Lotina. Pero lo que sí que me sorprendió fue el buen nivel técnico de los jugadores. Quizás eso sea una de las cosas positivas de la superliga. Al existir mejores condiciones económicas y mejores salarios, se permite importar talento extranjero más allá de las clásicas estrellas veteranas. Futbolistas o entrenadores que para ligas europeas son “working class”, en India son auténticas estrellas y, por supuesto, elevan el nivel de la competición. Un ejemplo claro lo tenemos en este partido. En aquel momento el Goa FC estaba entrenado por el español Sergio Lobera y en su plantilla constaban cuatro futbolistas españoles, Coro, Palanca, Edu Bedia y Carlos Peña. A los dos primeros sí que los conocía por su pasado en la Liga como espanyolista y madridista, respectivamente. De los cinco goles, cuatro fueron anotados por futbolistas españoles. Coro anotó el primero de penalti. Palanca anoto un par. Y Edu Bedia metió otro de bellísima factura, de disparo lejano con el exterior del pie. Me gustó especialmente este futbolista, un pivote de bastante buen toque de balón al que justamente le concedieron el premio moderno de mejor jugador del partido. Y esto fue todo lo que dio de sí el partido y mi experiencia en la superliga india. Tras el pitido final abandonamos el estadio con una sonrisa en la cara y con la satisfacción de haber visto de nuevo un balón rodar ante nuestros ojos. Volver a ver a 22 tíos sudados darle patadas a un balón. Algo nada importante. Aunque para muchos, la cosa más importante entre las cosas no importantes.

Curro García-Rodriguez

Francisco Javier García-Rodriguez, es doctor en Biología, investigador en el Instituto Pasteur de Paris, bético y jugador polivalente de buen pié que dejo tardes de gloría, a lo Curro Romero o Mágico González, en el Camallo Vallecano mientras hacía su doctorado en el Instituto de Biomedicina de Bellvitge (IDIBELL).

Resumen del partido:

PD: A final de temporada, el Goa quedo segundo en liga regular, logrando llegar hasta la final de los playoffs, donde perdió ante el Bengaluru FC por 1-0. Coro se alzó con el pichichi del campeonato con 16 goles.