Epístola mundialista a Andrés Iniesta

Verano de 2017, tras el Mundial de Rusia.

 

Estimado Andrés

            Tras el partido de Rusia, cuando te vi salir cabizbajo por el túnel de vestuarios se me heló la sangre. Se nos va —pensé—, que Andrés se nos va. Era tu último partido con la selección y no podía meter el torso en el televisor para darte un abrazo. Tampoco podía estar en Moscú para llorar la eliminación ante Rusia, en la “zona cero” del desastre, en el epicentro de la tristeza. Porque la penas hay que llorarlas Andrés, y yo esto de quedar eliminado de un mundial en los penaltis aún no lo he llorado. Tenía visita, estaba mi hija delante… No encontré el momento aquella tarde.

Estoy de vacaciones de verano y he pensado escribirte esta carta para, de algún modo, despedirme de ti con la calma y el tiempo que te mereces. No pretendo escribir recordando tus goles, pases y regates, porque perduran y perdurarán solos. Nuestros hijos/hijas y nietos/nietas seguro que escucharán de ti y verán tu fútbol. Quizás hasta puedan tener una experiencia de realidad virtual apareciendo en medio de Stanford Bridge o del Soccer City, sintiendo eso que sentiste tú al marcar aquellos goles. Hoy, simplemente me apetece comentarte cosas de este mundial de Rusia imaginando que en algún momento tu estarás al otro lado, leyendo. Como esas cartas de adolescente que nunca son leídas por el destinatario, pero que ayudan a ordenar las ideas en un momento convulso.

LEER EL TEXTO COMPLETO EN EL LIBRO “RATICOS DE FÚTBOL II”

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