OKAKA CONTRA LUKAKU

Watford, Diciembre 2016. Watford 3 Everton 2.

Estimados pasajeros, lamentamos informarles de un nuevo retraso en la salida de nuestro vuelo debido al cambio de la rueda del tren de aterrizaje. Fran se retuerce en su asiento y deja que su mirada se pierda por la ventanilla. El sol asoma la coronilla por el horizonte de las playas de El Prat. Salva gira su muñeca para colocar la pulsera de su reloj a tiro de su ojo.

–Como sigan así nos perdemos el partido –informa.

Vamos a Watford. Tenemos entradas para ver el Watford – Everton. Es el segundo plato de un fallido Leicester – Manchester City que también nos sabe a gloria: fútbol, viaje y amigos.

El avión despega con ruedas nuevas y llegamos a Luton-Londrés un par de horas antes del partido. El cielo de aquella mañana londinense de diciembre era el esperado: cubierto y lluvia fina. En Luton nos espera un taxista que nos lleva a Watford en 25 minutos. El taxista es de origen indio. Le hacemos un primer tanteo y pinchamos en hueso: el fútbol le importa un rábano. Le gusta el criquet.

El taxista intenta abrir un nuevo tema de conversación cuando pasamos al lado de St Albans y nos sugiere que visitemos ese lugar después del partido. St Albans es una de las primeras ciudades fundadas por los romanos en Britania y tiene ruinas bien conservadas. Ahora el que ha pinchado en hueso es él. Tenemos otros planes más banales para después del partido, como por ejemplo meternos a un pub a comer, beber, conversar, reír y ver fútbol. Aunque ni pagándonos hubiéramos ido ese día a St Albans, en la parte de atrás de aquel taxi nos preguntábamos que cojones se les había perdido a los Romanos en las islas británicas teniendo las playas de Sicilia y los viñedos de Toscana dentro de su imperio. No encontramos respuestas.

Tras dos intentos de conversación frustrados, el taxista vuelve a la carga y nos habla de una calle donde están la mayoría de los bares de Watford, y que según él estaba cerca de nuestro hotel. Ahí acertó el pájaro y charlamos un rato.

Tras dejar las cosas en el hotel salimos caminando hacia el estadio Vicarage, en vicarage road (Camino de la vicaría), donde caben unos 21.000 espectadores. Watford, en el condado de Hertfordshire, es una ciudad al norte de Londres que se cruza en 20 minutos caminando. Aparecen los primeros aficionados con bufandas amarillas y negras. Por sus colores, a los del Watford les llaman “Hornets” (avispas). Hace fresco tirando a frio, pero algunos hijos de la Gran Bretaña llevan una sola manga. Aunque el cielo oscuro lo aconseja, descubrimos que somos los únicos que caminamos con paraguas en la mano. Atravesando calles de casas bajas con manchas de humedad, groceries, peluquerías y pubs, entramos a vicarage road. Aficionados del Everton pasean junto a las avispas sin aparente temor a picotazos. Hay que aplaudir a quien corresponda el mérito de cambiar la actitud de los hoolingans en los estadios de la premier, o de eliminar a los descerebrados. Una de las causas de tal éxito puede ser el hecho de que todo el mundo que entra al estadio está identificado. De ese modo resulta más sencillo prohibir la entrada a los conflictivos.

vicarage road

Recogemos las entradas en las oficinas del estadio. Las entradas llevan nuestros nombres. Nos tuvimos que registrar en la web del club y dar nuestros datos para ser simpatizantes del Watford y así poder acceder a las entradas. En los aledaños del estadio, un señor abuelo se nos acerca con un peto amarillo y una sonrisa. Es uno de los voluntarios que antes de los partidos pasean por los alrededores para ayudar a otros aficionados. El señor nos indica por donde tendríamos que entrar. En concreto, tenemos que entrar por la grada llamada “The Sir Elton John stand”. Y es que resulta que el famoso cantante fue presidente del club durante unos cuantos años. Todo es caballerosidad británica en los alrededores del estadio. Aún queda tiempo para el inicio del partido y decidimos ir a tomar una pinta al Pub que está justo al lado del estadio. Para entrar en el avispero, dos guardias de seguridad nos piden nuestras entradas para asegurarse que no tenemos asiento en la zona de los aficionados del Everton. En el pub hay pantallas con fútbol, poca luz (no mucha menos que fuera del pub) y un bosque de pintas que relucen amarillas cual luciérnagas. Nos da vergüenza preguntar si sirven medias pintas, y cada uno nos pedimos 20 onzas líquidas de cerveza (568,26 mililitros).

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raticos vicarage

 

 

 

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